Dejamos las piedrillas romanas para ir a los piedrolos de Meteora.
Por caminos inhóspitos y llenos de cabras, por senderos estrechos llenos de naturaleza y con el duro golpe de la madre naturaleza, que nos da la bienvenida a esta región central del país griego con unas lluvias torrenciales y un granizo que golpea contra el techo del coche, que nos obliga a parar en varias ocasiones y ponen a prueba la pericia conductora de Marquetes.
Pero después de un par de horas en estas circunstancias y de que demos gracias mil veces al GPS por conducirnos (sin él no estaríamos aquí...sin duda, aunque en ocasiones habría que poder decirle que no tomara tooooodos los atajos!!), vemos al fondo las maravillosas montañas de Meteora.
Llegamos a las 3, lloviendo que te llueve y nos fuimos a comer a un sitio que tenía buena pinta, casero, sencillo, una familia muy maja y donde comimos muy, muy bien por 20 lereles. Desde ahí subimos hacia las montañas en búsqueda de nuestro alojamiento, que era el último del pueblo, o el primero de las montañas, según se quiera ver. Lo lleva una mujer y su marido, igual de majetes (esto de fiarse de las opiniones y puntuaciones de booking está siendo un acierto). Nos dieron una habitación, y como en todas partes están siendo muy buenas, con buenas vistas y muy cómodas. Parece que lo de decir que somos recién casados tiene su resultado :D.
En fin, que por la tarde, como aún Lauri no había tenido su ración diaria de Calleja, decidimos ir a dar una vuelta y a estirar las piernas subiendo unas cuantas escaleras de camino a un par de monasterios. Pondremos alguna foto, porque valen más que mil palabras.
Se supone que por aquellos entonces acontecía la guerra entre griegos y turcos, y a los monjes bizantinos, que no les gustaba eso de la guerra, decidieron irse lejos y alejados de todo para que no les molestaran, así que se buscaron unas montañas absolutamente inaccesibles, y en la cima de las mismas se hicieron unos monasterios.... Muy apañados estos monjes si... porque tela que construcciones se montaron.
Los monasterios están en las cimas después de un largo recorrido de infinitas escaleras y trayecto por dentro de la montaña. Tienen un patio central rodeado de estancias, o bien museos o bien habitaciones, y una capilla, la mayor parte hablando del martirio de los cristianos cuando fueron perseguidos por romanos.
(foto de lauri con su pañito de falda obligatoria: no que se te vean las rodillas, que las llevaba tapadas, sino que te obligan a llevar falduki).
Y hay que decir, que menos mal que casi todo lo vimos por la tarde, porque la cosa estaba bastante tranquila, nada que ver con el día siguiente, donde no había más que manadas de excursionistas que por donde pasaban seguro no volverá a crecer planta alguna!! Que barbaridad!!
Y para cenar, ahí está Lauri que quería un pescadito... sii sii,... parrilla de más carne (preparaos para vernos llegar, que seremos tonelitos!!!, yo especialmente (la lauris...), y de nuevo lloviendo, Meteora nos da fortuna, ya que llueve cuando comemos o vamos en coche, pero luego salen días esplendorosos para ver el gran paisaje fresquitos pero con solete....menos mal que nuestros hoteleros majetes nos brindaron su hospitalidad dejándonos un paragüas!!!! y al día siguiente con un gran desayuno en la terraza, a pies de las preciosas montañas-cueva....
nada que decir, ya vereis las foticos...im-presionantes...
Por la mañana dos monasterios, más grandes y comerciales y encima llenos de manadas de orcos que atacan por doquier, partimos ya hacia nuestra próxima aventura:
A media mañana pusimos rumbo a Corfú. Para dicha aventura, hay que recorrer 3 horas de camino lleno de túneles que llegan a Igoumenitsa, localidad portuaria que se ha hecho grande por tener acceso al lugar de vacaciones de muchos griegos. Así que intrépidos de nosotros, nos buscamos la vida para comprar dos tickets para nosotros y un pasaje para nuestro car y cruzamos el charco.
Es curioso, porque en la guía te ponen que con dos meses reservar los ferrys y por internet la página principal griega de turismo te venden sólo unos pocos viajes y a punto estuvimos de cambiar de destino, porque parecía imposible, pero por arte de magia, caimos en una página web que nos enseñó que cada hora salen ferrys a corfú y que se compran en el puerto en el momento!!!!
qué grande, así que sin más, nos metimos en el ferry y después conducimos hasta el hotel. Eso sí, ojito para llegar, porque de nuevo nuestro querido GPS al que le debemos mucho, nos lleva por el camino más corto.. si si, más corto, gira aquí y entra por allí y vuelve por allá.. Pero.. no ibamos por aquí antes!! ah siii.. pues eso, infinidad de calles para ahorra 2 metros...
Hotel más turístico de lo habitual, tipo complejo vacacional, pero que mereció la pena por su buen precio y la gran calidad...y encima estamos casi solos....no sabemos si será por la temporada media de junio o por la crisis griega (dicen ellos), pero todo está vacío.
Y viene muy bien, porque estamos 4 en la piscina olímpica del hotel, comemos y cenamos sólos a modo de restaurante romántico a pie de playa rodeada de montañas y a cualquier hora. Lo curioso es que estábamos pendientes de los horarios de comidas, pero luego, nos dimos cuenta, que o bien por lo turísticos que son o por la crisis que les conviene, pero te dan de comer fenomenal en cualquier momento del día.....
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